La Villa
El territorio donde se asienta Bilbao estuvo poblado mucho antes de su fundación
como Villa. Durante la Edad Media, era un pequeño enclave comercial
atravesado por el camino jacobeo. Fue en el año 1300 cuando adquirió
su título de la mano de D. Diego López de Haro, quien le otorgo
su Carta Puebla fundacional. En ésta, se le concedía la jurisdicción
completa sobre toda la ría, estableciendo unos límites que hoy
se conocen como el Gran Bilbao. Su desarrollo comercial tuvo mucho que ver
con su cercanía a las minas de hierro y ferrería, y a la ría,
como medio de transporte fluvial y marítimo. Desde esta estratégica
ubicación, ofreció al comercio seguridad en su salida al mar
y conexión con otras rutas internacionales.
Partiendo de su ubicación primitiva en la margen izquierda, en lo que
hoy se conoce todavía como "Bilbao la Vieja", amplió
su territorio hacia la margen derecha, donde se levanta la iglesia de San
Antón. En los siglos XV y XVI, Bilbao se convierte en un centro de
gran actividad comercial. Desde los muelles del Casco Viejo se mantienen relaciones
comerciales con Brujas, Nantes y otras villas marítimas del atlántico
europeo. Después, con Inglaterra y más tarde con las colonias
de América. A mediados del s. XV, se conforman las Siete Calles del
Casco Viejo. Las ampliaciones posteriores de la ciudad se realizaron hacia
El Arenal hasta las grandes vías del siglo XVII, Bidebarrieta y Correo,
que junto con la Plaza Nueva, la Iglesia de San Nicolás y el Paseo
del Arenal, acabaron por consolidar el Casco Viejo. El boulevard que discurría
entre San Nicolás y la calle de la Ribera, se convirtió en el
centro de la vida social, financiera y cultural del Bilbao decimonónico.
Pero fue en el sigo XIX cuando se emprendió el mayor desarrollo industrial
del área metropolitana. Gracias a las minas y la industria siderometalúrgica,
se impulsaron las navieras, las compañías ferroviarias -se construyeron
más de 1.000 km de vías férreas en tan sólo 50
años, del 1814 al 1891- y aparecieron los bancos e incluso la Bolsa.
A pesar de las guerras que Bilbao sufrió durante este período
-invasión francesa de Napoleón (1808), dos guerras Carlistas
en cuatro Sitios (1835-36 y 1873-76)-, el desarrollo económico fue
impresionante.
La ampliación de la Villa o Ensanche se inicia al otro lado de la ría,
casas burguesas señoriales con una planificación urbanística
basada en calles rectas, plazas circulares y alamedas. El actual Puente del
Arenal fue el símbolo de esta expansión del siglo XX. La Gran
Vía D. Diego López de Haro, se convirtió en una arteria
vital desde la cual se organizó la vida urbana y el entramado de calles
del Ensanche. Más adelante, continuó creciendo hasta Indautxu.
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